La desmanicomialización no tiene permiso para dar permiso. No tiene lugar para dar lugar.

Misteriosas razones hacen a la locura. Son misteriosas como elefantes que se pasean sobre la mesa y nadie los quiere ver.

Misteriosos motivos tienen los encuentros.

Si todo encuentro conlleva desencuentros hay encuentros que se convierten en misterios del amor y de la humanidad.

Así, sin pensarlo por la calle Corrientes, café de por medio en estos tiempos las lágrimas brotaron de un lado y del otro de la Cordillera por la violencia manicomial desatada en las calles de Rosario recientemente…

11 de Septiembre en Rosario… Chile presente! 12 y 13, Chile presente también.  Sin embargo, nada menos que 11 de Septiembre Chile en Rosario… Presente!

Presente es simplemente Presente. Es hoy. Es ahora. Es ya. Ni antes ni después, presente es presente.

¿De qué color es el amor?

¿Es blanco por la pureza? ¿Rojo por la pasión? ¿Amarillo por la locura? ¿Azul por el infinito?  ¿Es celeste como lo es a veces el cielo y el mar o tus ojos o tu nombre?

El amor es Celeste. Una mujer.

Por esa mujer lloramos de un lado y del otro lado de la Cordillera en la calle Corrientes cuando dijo con voz trémula ¡hay violencia! Ella se “acercó” desde el primer día al lugar donde estábamos con el libro y nos contó su historia…amor a primera locura fue el de Celeste, esa mujer…

Esto no es un cuento de amor, esto es una crónica de la crueldad que el amor no quiere silenciar.

Me cuenta que ella volvió un par de veces a charlar…

¡Ah… las locas y los locos que inventaron el amor!

Esto no es un tratado sobre las contradicciones inherentes a todo ser, a todo movimiento… esto intenta poner palabras escritas con lágrimas por la obscenidad de la escena…

Ah los progres profesionales de la salud mental que se encuentran para recordar y homenajear a sus sabios difuntos… y no saben, no quieren, no pueden ver a quienes ellos están matando…

Ay, ¡qué triste! ¡Qué cruel! Fue todo contigo Celeste… y así me sigue contando: Y después apareció en la marcha…dónde estábamos nosotros y los otros, todos los otros “satélites del manicomio” con consignas vacías… Fue todo rápido, intempestivo e impredecible, como el amor, como la locura, como la vida, ella vino; Celeste la mujer, se integró a nuestro grupo para marchar contra el manicomio, contra las complicidades, contra los silencios… palpitaba su cuerpo, le crecían alas, yo lo vi y de pronto un grito.  Así me contaba llorando en un café de Corrientes… un 11 de septiembre… una chilena.

¡Ay! Celeste, la mujer era objeto de gritos destemplados, era objeto porque quien gritaba no sentía el palpitar ni veía las alas. Ni palpitaba ni tenía alas. 

Pudiste ser vos que estás leyendo quien gritaba a Celeste, la mujer porque Celeste se soltó.

Porque vos pudiste ser responsable de cuidarla y decir: “-Tienes permiso para marchar solamente de mi mano que no es una mano amiga sino la mano que te sume en tu lugar de no libertad”. Tu nombre no importa. Importa Celesta, la mujer. Tu nombre es Salud Mental, tu nombre es Manicomio, tu nombre es Desmanicomialización tu nombre es el de todos los que conformaron una cadena de violencias y sumisiones que como una “bala” que se disparara “de mano en mano” hiere a esa joven que está en el piso de esa cadena de mandos… piso y no base.

Lo que se pisotea sin saber que es el sostén involuntario de enorme vulnerabilidad de un andamiaje perverso.

De arriba hacia abajo una orden se ejecuta sin mayor conciencia de lo irreductible de la vida de quien “debe ser tutelado”.

“-Tienes permiso para marchar solamente de mi mano que no es una mano amiga sino la mano que te sume en tu lugar de no libertad.” Dijo el verdugo, el apropiador, el violador, dijo el violento padre, hermano o hijo y ¡también el doctor!; dijo la enfermera, dijo la madre, la hermana y la amiga ¡y todas las otras que acompañan al doctor también!

Todos ellos dicen eso. ¡Oh, Celeste! ¿Tú no sabes que se sale del libreto violento que la joven mujer quiera marchar libre de la: “mano mecánica-atadura-sujeción-aislamiento?”.

Es un solo gesto: “soltarse” y Celeste es “una más e igual”, libre y autónoma, no tutelable.

Con tu “soltarte” desamparas – sin conciencia cierta, sin reflexión alguna y sin conocimiento conceptual de tu acto al romper la cadena de mando.

Arrojas al desamparo del “rol tutelar” a la responsable de las ataduras invisibles durante el tiempo del permiso. Una “cenicienta”… para la cual el amor es la libertad junto a otros amorosos. Una Blancanieves al cuidado de un aquelarre oscuro.

Me cuenta en la calle Corrientes, café de por medio, justo en ese lugar donde las aguas saladas que cruzan la Cordillera se encuentran y donde florecen los pájaros él me cuenta que les dijo en medio de los gritos y tensiones “-¡tú, y tú y tú no tienen derecho a estar aquí!”  y toda la violencia manicomial que se juega en el movimiento de desmanicomialización se puso en evidencia. 

Me contó que vio que le crecía esa piel-lana-negra y brillante y que se desgarraba porque Celeste se fue del rebaño para la liberación… de la mano de esa interna buena y sumisa que también llevaba las alas arrastradas por el piso y que también tenía lana negra… y que aún no sabía que podía volar y que dócil ayudó a encerrar a Celeste en el gueto del permiso.

Y Celeste, la mujer, no volvió… y llorando abiertamente me dijo: no pude regalarle un libro.

¿Importa saber quién era responsable de sostener la atadura invisible? Si es un familiar, el familiar se verá interpelado, sancionado, culpabilizado, puede ser un saboteador del tratamiento… puede ser el culpable de todos los males o simplemente puede por su cuenta castigar la insurrección negándose a responsabilizarse en el futuro de otros simulacros de libertad. Puede cuando el simulacro termine llegar a justificarse con un enojo mayúsculo por la desobediencia, ese enojo lo ampara de ser cómplice y así muestra su autoridad sobre quien NO SABE SER TUTELADA, sobre quien que pretende autonomía, que pretende libertad, que “se cree” que es una más entre todos nosotros… esos nosotros que velamos por ella….

¿Dónde estás dulce Celeste, la mujer? 

Celeste, la mujer: cuerpo libre de expresarse libre porque así lo demostró, “abandona” al responsable del aislamiento invisible para marchar con el rebaño de la liberación.

Si el responsable fue un “trabajador” (pago, profesional o no, ad honore, voluntario… un soldado más en la cadena de mando… en definitiva) las consecuencias manicomiales pueden ser múltiples: perder el empleo, perder un ascenso, perder la posibilidad de un contrato u otra consecuencia inesperada, una oportunidad:

Perderse en la angustia por las contradicciones que la situación le propone, terminar en un alejamiento culposo por no saber, por no poder, por no querer, por no… por no… por no ser capaz de soltarse al igual que ella y poner en acto un palo en la rueda a la marcha de la desmanicomialización que sólo tiene por fin el control de los cuerpos libres desbordantes de amor y ternura y sólo sabe replicar hasta el último suspiro la violencia.

Alguien pudo, me contaba uno de los ángeles, llevar el nombre de José Antonio Vergara a Rosario desde el otro lado de la Cordillera porque vaya a saber dónde se encuentra a José Antonio Vergara me comentaban los pájaros, y yo preguntaba ¿Tú sabes quién mató, atada y quemada a Analía Barreto? Me preguntó titubeando ¿la desmanicomialización? No sé, no sé, tal vez… y me posé sobre una flor ardiente.

Ya nos estábamos despidiendo. Dicen que dicen que de un lado y del otro lado de la Cordillera que une a América Latina un río de agua salada escribe en las piedras para horror de las piedras y en los corazones para alegría de los corazones las palabras que la experiencia les dicta, el saber que ignoran esos que andan disfrazados de academia.

Si el “soldado-mano mecánica-atadura-sujeción-aislamiento” no cumple con la obediencia debida, pierde el lugar en el ejército del control y se expone a la locura del desamparo de la violencia institucional y es tanta su ignorancia que se sentirá culpable de haber sido libre. Tu encierro termina siendo la semilla de nuestra libertad.

No lo olvides Celeste. Celeste amor, Celeste libertad, Celeste igualdad, Celeste mujer:

La desmanicomialización no tiene permiso para dar permiso.  No tiene lugar para dar lugar.

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